Introducción: ¿La automatización ha mejorado el sector o lo ha complicado aún más?
La digitalización ha transformado el sector de las reparaciones en el ámbito asegurador. Los sistemas automatizados de gestión de presupuestos prometen agilizar procesos, reducir costos administrativos y estandarizar criterios de aprobación. En teoría, la tecnología ha optimizado el sector.
Sin embargo, la realidad es distinta para muchas empresas reparadoras. Los sistemas automatizados no siempre reflejan la complejidad de cada siniestro ni la evolución del mercado. Algoritmos rígidos, precios desactualizados y la falta de intervención humana han generado un problema creciente: presupuestos rechazados sin justificación clara, retrasos en aprobaciones y costos no contemplados que terminan afectando la rentabilidad de las empresas reparadoras.
Desde la Asociación de Reparadores (ARSE), creemos que la automatización no debe convertirse en una barrera que perjudique al sector. Es necesario encontrar un equilibrio entre tecnología y realidad operativa.
Cómo funcionan los sistemas automatizados de presupuestos
Las aseguradoras y compañías de asistencia han implementado plataformas digitales para procesar presupuestos de manera automática. Estos sistemas comparan los costos presentados por las empresas reparadoras con bases de datos predefinidas y, en función de esos baremos, aprueban o rechazan los presupuestos sin intervención humana.
El objetivo inicial de estos sistemas es reducir tiempos de aprobación, evitar fraudes y establecer precios homogéneos. Sin embargo, en la práctica, se han convertido en un obstáculo más en la relación entre empresas reparadoras y compañías de asistencia.
El problema es que estos sistemas no consideran la variabilidad real de cada siniestro ni los cambios en los costos del mercado. Funcionan con criterios rígidos que, en muchos casos, no reflejan las necesidades de cada reparación.
Los problemas de la automatización en presupuestos
Los sistemas digitales han traído eficiencia en algunos aspectos, pero han generado nuevas dificultades para las empresas reparadoras.
Uno de los mayores problemas es la rigidez de los algoritmos. Cada siniestro tiene particularidades que pueden afectar el costo de la reparación. Sin embargo, los sistemas automatizados trabajan con valores predefinidos, sin posibilidad de ajustarse a casos concretos.
Por ejemplo, un daño estructural en un edificio antiguo puede requerir materiales específicos y más tiempo de trabajo, pero si el sistema solo reconoce un precio estándar para esa reparación, el presupuesto será rechazado automáticamente. Esto obliga a las empresas reparadoras a justificar cada ajuste, generando retrasos innecesarios.
Otro problema es la desactualización de los precios en los sistemas. La inflación, el aumento del costo de materiales y los cambios en la mano de obra no siempre se reflejan en los baremos utilizados por los algoritmos. Cuando las aseguradoras y compañías de asistencia tardan en actualizar estas tarifas, las empresas reparadoras deben elegir entre aceptar trabajos a precios desfasados o entrar en procesos administrativos largos para justificar los costos reales.
Además, la falta de intervención humana convierte a los algoritmos en jueces sin criterio técnico real. Las decisiones se toman de manera automática, sin evaluar el contexto de cada caso. Esto significa que muchos presupuestos son rechazados sin posibilidad de argumentar excepciones en tiempo real. La ausencia de comunicación directa con responsables técnicos convierte la aprobación de presupuestos en un proceso burocrático y frustrante.
Impacto en las empresas reparadoras
Los errores en la automatización de presupuestos afectan directamente la rentabilidad y operatividad de las empresas reparadoras.
Los retrasos en aprobaciones son una de las principales consecuencias. Si un presupuesto debe ser modificado varias veces para cumplir con los criterios del sistema, se pierden días de gestión sin que la reparación avance. Esto impacta en la planificación del trabajo y en la capacidad de respuesta ante nuevos siniestros.
La falta de actualización en los precios genera pérdidas económicas para las empresas. Cuando un presupuesto es aprobado con tarifas desfasadas, las empresas reparadoras terminan asumiendo la diferencia de costos. A largo plazo, esto reduce los márgenes de beneficio y hace que algunos trabajos sean económicamente inviables.
El desgaste administrativo es otro factor crítico. En lugar de centrarse en la ejecución de reparaciones, las empresas reparadoras deben invertir tiempo y recursos en justificar cada ajuste de presupuesto. La burocracia digital no solo no ha eliminado las barreras, sino que ha creado nuevas complicaciones en la relación con las aseguradoras y compañías de asistencia.
Cómo mejorar la automatización sin perjudicar a las empresas reparadoras
Desde la Asociación de Reparadores (ARSE) consideramos que la automatización debe ser una herramienta de eficiencia, no una traba en la operativa del sector. Para ello, es necesario implementar mejoras en los sistemas actuales.
Una de las primeras medidas es la supervisión humana en presupuestos rechazados. Todo presupuesto que no sea aprobado automáticamente debería ser revisado manualmente por un equipo técnico que pueda evaluar cada caso con criterio real. La intervención humana es clave para evitar rechazos arbitrarios.
La actualización frecuente de los baremos de precios es otra prioridad. Las aseguradoras y compañías de asistencia deben garantizar que los valores reflejen la realidad del mercado y se ajusten a la evolución de costos de materiales y mano de obra. Sin precios actualizados, las empresas reparadoras seguirán operando con márgenes insuficientes.
También es necesario crear canales de apelación rápidos para evitar retrasos innecesarios. Si un presupuesto es rechazado por el sistema, las empresas reparadoras deben tener la posibilidad de justificar sus costos sin necesidad de pasar por procesos administrativos largos. Un sistema de revisión ágil garantizaría que los presupuestos reflejen las necesidades reales de cada siniestro.
Por último, es fundamental encontrar un equilibrio entre tecnología y conocimiento técnico. La automatización debe simplificar procesos sin eliminar la intervención de profesionales con experiencia en la valoración de siniestros. Un modelo híbrido, donde la tecnología optimice tiempos pero los criterios técnicos sean revisados por expertos, permitiría un sistema más justo y eficiente.
Conclusión: La tecnología debe estar al servicio del sector, no en su contra
La digitalización es un avance necesario en la industria aseguradora, pero su implementación no puede ser una excusa para deshumanizar los procesos. Si los algoritmos no reflejan la realidad del mercado ni permiten la flexibilidad necesaria, las empresas reparadoras seguirán enfrentando obstáculos administrativos y pérdidas económicas.
Desde la Asociación de Reparadores (ARSE) exigimos que la automatización sea una herramienta de mejora real y no un mecanismo que perjudique a quienes ejecutan el trabajo. La eficiencia no puede estar por encima de la justicia. Si las empresas reparadoras no pueden operar con criterios económicos y técnicos justos, el sector perderá calidad y viabilidad.
Es momento de ajustar el sistema para que funcione a favor de las empresas reparadoras y no en su contra.

